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Universidades en el territorio

“La apuesta que transforma regiones desde las aulas”

Por Panal Medios

Red de Medios Alternativos y Comunitarios

En Tumaco, una joven observa cómo avanzan las obras de una nueva infraestructura universitaria mientras piensa que, quizás, ya no tendrá que abandonar su municipio para estudiar una carrera profesional. A cientos de kilómetros, en Guapi, líderes comunitarios hablan de lo que significará para los jóvenes del Pacífico contar con mayores oportunidades educativas sin migrar a las grandes capitales. En Sibundoy, docentes y estudiantes imaginan laboratorios modernos donde antes solo existían limitaciones presupuestales y abandono estatal.

 

Aunque separados por la geografía, estos territorios comparten una misma expectativa: que la educación superior pública deje de ser un privilegio concentrado en las grandes ciudades y se convierta en una posibilidad real para las regiones históricamente excluidas.

 

Con una inversión superior a los 701.850 millones de pesos, el Ministerio de Educación Nacional avanza en 41 proyectos estratégicos de infraestructura universitaria en 16 departamentos del país, bajo asistencia técnica de Findeter

. La apuesta incluye nuevas construcciones, ampliaciones, aulas modulares, estudios técnicos, modernización tecnológica y dotación académica, con ejecución proyectada hasta 2027.

 

Pero detrás de las cifras y los informes institucionales, el programa revela una discusión más profunda sobre el país: quiénes pueden acceder a la educación superior y desde dónde se construyen las oportunidades.

 

Durante décadas, miles de jóvenes de regiones apartadas tuvieron que abandonar sus municipios para estudiar —cuando podían hacerlo— o resignarse a que la educación universitaria fuera una posibilidad distante. La concentración histórica de universidades en grandes centros urbanos profundizó desigualdades territoriales y económicas que todavía marcan amplias zonas del país.

 

Por eso, la regionalización educativa impulsada durante el gobierno del presidente Gustavo Petro ha sido presentada como una estrategia para reducir brechas sociales, fortalecer economías locales y garantizar que los jóvenes puedan construir proyectos de vida en sus propios territorios.

 

Las obras avanzan en Valle del Cauca, Tolima, Santander, Putumayo, Nariño, Magdalena, La Guajira, Córdoba, Chocó, Cesar, Cauca, Casanare, Boyacá, Bolívar, Atlántico y Antioquia. Sin embargo, una de las características más significativas del programa es que muchas intervenciones no se concentran en las capitales departamentales, sino en municipios intermedios y subregionales como Mompós, Simití, Chaparral, Mariquita y Soledad.

 

En esos territorios, la llegada de infraestructura universitaria suele modificar dinámicas sociales y económicas completas. Las obras generan empleo local, dinamizan pequeños comercios y, sobre todo, construyen expectativas de permanencia para las nuevas generaciones.

 

El programa contempla 23 proyectos de construcción nueva, además de procesos de modernización tecnológica que incluyen aulas híbridas, laboratorios y fortalecimiento académico. Las inversiones individuales van desde los 300 millones de pesos en dotaciones y aulas modulares hasta proyectos estructurales que superan los 50.000 millones.

 

Actualmente, 27 proyectos se encuentran en ejecución con inversiones cercanas a los 464.967 millones de pesos; ocho ya fueron culminados; cuatro avanzan en procesos de selección o legalización y dos permanecen en fase de estructuración.

 

Sin embargo, en muchos municipios la discusión trasciende la infraestructura física. Líderes educativos y organizaciones sociales insisten en que ampliar la presencia universitaria pública implica también disputar décadas de centralismo y exclusión territorial.

 

En regiones golpeadas por el conflicto armado, la falta de acceso a educación superior ha estado históricamente ligada a economías ilegales, desplazamiento forzado y pobreza estructural. Por eso, la construcción de nuevas sedes universitarias aparece también como una apuesta por la permanencia juvenil y la transformación social.

 

Mientras las obras continúan avanzando entre concreto, acero y planos técnicos, en distintos rincones del país cientos de jóvenes comienzan a imaginar futuros que antes parecían demasiado lejanos. En pueblos donde durante años estudiar significó marcharse, la universidad empieza lentamente a llegar al territorio.

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